
El Real Madrid despachó, con suma facilidad, la visita del Espanyol (3-0), demostrando su solidez como locales gracias a la debilidad de su adversario. Un partido en el que los blanquiazules no dieron la talla, desplegando un juego mediocre más de Segunda División que de Primera, no hubo color con el fútbol de los blancos, que aprovecharon la ocasión para seguir enganchados (a cinco puntos) al Barcelona, líder indiscutible de esta Liga de las estrellas.
Manuel Pellegrini no se la jugó y repitió el once de calidad que venció en Riazor la semana anterior. Incluido Raúl, que repitió titularidad. Esteban Granero, José María Gutiérrez “Guti” y el brasileño Ricardo Kaká hicieron maravillas en el centro del campo, asegurando en todo momento la posesión del balón. Ayudado por la languidez de un rival plagado de ausencias que pronto asumió su inferioridad.
Eran los primeros compases del partido cuando una falta lateral lanzada por Esteban Granero fue rematada de cabeza por Sergio Ramos. Kameni sabía que esta noche iba a tener más trabajo que de costumbre y eso no era buena señal. A la media hora de partido, Kaká hacía el segundo. Mauricio Pochettino buscó soluciones en su banquillo pero no había nadie. Al final, Higuaín aún tuvo tiempo para marcar su gol al límite del tiempo reglamentario.
Parece que los partidos disputados en el Santiago Bernabeu se han convertido en un bálsamo para el cuadro blanco, que no puede bajar el pistón y espera errores del Barcelona para acechar el ansiado liderato. De momento el camino es el correcto, no se ha escapado ningún punto de Chamartín.




























































