
Parece que no pueda ser verdad, pero todo apunta a que José Mourinho se convertirá en el nuevo entrenador del Real Madrid en los próximos días. Evidentemente, todo dependerá de que Florentino Pérez termine siendo el presidente elegido por los socios en las elecciones que se celebrarán a principios de junio, ya que Enrique Riquelme, el único dispuesto a plantarle cara en las urnas, piensa más en otros perfiles como el de Jürgen Klopp (parece un sueño inalcanzable) o el de Raúl González (toda una apuesta arriesgada atendiendo a su currículum como entrenador).
Un entrenador venido a menos
El caso es que Mourinho está como loco por dejar el Benfica y regresar a la Casa Blanca, donde Florentino le espera con los brazos abiertos para que se convierta en esa persona capaz de distraer la atención del palco. El portugués no podrá exigir un sueldo tan elevado como el que exigió en su día cuando llegó al Santiago Bernabéu, pero todo apunta a que se puede llevar unos 10 millones de euros por curso perfectamente.
Nadie discute que ha ganado muchos títulos a lo largo de su carrera como técnico, pero tampoco se puede negar que lleva ya muchas temporadas naufragando. Le despiden de todas partes y su caché se ha desmoronado. Ha pasado de entrenar a clubes como el Inter, el Madrid o el Chelsea, a conformarse con un Fenerbahçe o un Benfica, con todos los respetos.
Lo peor de todo es que llegará con un contrato de dos temporadas con opción a una tercera. ¿Qué significa eso? Pues que cobrará otro finiquito dorado, que es lo que viene haciendo desde hace una década aproximadamente. Dudo que sea capaz de plantar cara al Barça por mucho que el Madrid renueve su plantilla incorporando a futbolistas tan necesarios como un centrocampista pelotero. Mourinho ha perdido el feeling con los jugadores y no se da cuenta de que exhibir mano dura y rajar de los futbolistas no le ayuda, sino más bien todo lo contrario.