
En las últimas horas se está hablando mucho de la posibilidad de que José Mourinho regrese al banquillo del Real Madrid para poner orden en un vestuario que está completamente dividido. Tras la pelea entre Fede Valverde y Auréliene Tchouaméni que terminó con una sanción de medio millón de euros para cada uno, Florentino Pérez quiere recuperar al portugués para que el club vuelva a lo más alto.
Sorprende la decisión teniendo en cuenta que Mourinho lleva muchos años en caída libre. Todos los equipos por los que pasa le acaban despidiendo y los resultados obtenidos distan mucho de los que obtenía en su época dorada en el Oporto y en el Inter de Milán.
Una decisión motivada por la necesidad de apagar fuegos
Supongo que la contratación de Mourinho se ve como una oportunidad de desviar la atención. Las críticas se están centrando cada vez más en Florentino, ya que ha permitido que los jugadores manden más que el entrenador, motivo por el cual Xabi Alonso acabó destituido tras su enfrentamiento con Vinícius. El caso es que Mourinho es la solución ideal en ese sentido, ya que es una persona que acapara todo el protagonismo con sus declaraciones, algo que haría que la prensa sólo hablara de él y se olvidara del presidente blanco.
Dicen que ‘The Special One’ sólo volverá al Santiago Bernabéu si se cumplen una serie de condiciones. La más importante de todas es que quiere tener control total sobre la plantilla, tanto en lo que se refiere a la gestión del vestuario como en lo que se refiere a las alineaciones y los fichajes. No quiere acatar órdenes y su firma depende del poder que se le otorgue.
Ha pasado a ser el favorito
Jorge Mendes, su eterno representante, llegó a decir que una hipotética vuelta de Mourinho era imposible. Sin embargo, las posturas se están acercando y en las próximas semanas podrían llegar a un acuerdo que se anunciaría nada más terminar la temporada. Lo que es evidente es que Álvaro Arbeloa no seguirá al frente del equipo. No ha dado la talla ni a nivel deportivo ni a nivel de gestión del grupo, ya que el vestuario, que ya venía viciado tras las pataletas de Vinícius cuando Xabi Alonso era el entrenador, está más dividido que nunca.