Victoria cómoda del Madrid y hecatombe en Milán


El Real Madrid no decepcionó en su segundo partido de la fase de grupos de la Champions League. El conjunto blanco se impuso al Olympique de Marsella por 3-0. Si bien el juego desplegado por los de Manuel Pellegrini no fue para tirar cohetes, esta es ya la séptima victoria consecutiva en partidos oficiales, lo que demuestra que este año van a ser uno de los equipos a batir.

La primera parte fue algo aburrida y mereció terminar con 0-0. El Olympique de Marsella demostró ser un equipo ordenado y el Madrid sólo pudo hacer daño mediante genialidades, algo similar a lo que sucedería en la segunda parte, donde Cristiano Ronaldo se convirtió en el gran protagonista.


El portugués abrió la lata con mucha frialdad en el minuto 58. Se plantó delante de Mandanda y definió por debajo aprovechando el salto del portero galo. El segundo llegaría de penalti en el minuto 61. Cristiano Ronaldo fue derribado brutalmente por Diawara dentro del área y por doble cartulina amarilla se fue a la calle. El penalti fue transformado por Kaká con total tranquilidad. Tan sólo 4 minutos más tarde, el Madrid sentenció el partido gracias a una genial combinación entre Benzema, Kaká y Cristiano Ronaldo. El ariete francés le puso el gol en bandeja a Cristiano Ronaldo, quien sólo tuvo que empujarla para marcar. Posteriormente, tuvo que pedir el cambio por culpa de la patada recibida en la jugada del penalti. ¿Será que el brujo ya empieza a hacer de las suyas?

En el otro partido del grupo C, Milan y Zúrich se vieron las caras en San Siro. El partido terminó con un histórico 0-1 que nadie esperaba, lo que evidencia que el conjunto italiano está en horas bajas. La continuidad de Leonardo pende de un hilo.


El Zúrich hizo lo que quiso en la primera parte. Se pudo ir tranquilamente al descanso con un 0-4. Sin embargo, tan sólo Tihinen pudo marcar en el minuto 10. El Milan trató de darle la vuelta en la segunda mitad, pero todos los intentos fueron en vano. A falta de 5 minutos para el final mandaron dos balones al poste, algo que impacientó a una grada que veía como los tres puntos volaban ante el rival más débil del grupo.

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